En el país de los números habitaba un joven 34 que soñaba con ser un gran mago de poderes inimaginables. El pequeño 34 vivía recluido en el Castillo de la Magia Infinita porque se sentía incompleto por su numeración. Pensaba que dedicándose al perfeccionamiento de las artes mágicas podría llegar a se un gran número. Pero el desconsolado número descuidaba sus estudios porque estaba obsesionado por encontrar a alguien famoso que se llamara 34 y que le sirviera de referente en las metas a conseguir; por mucho que se esforzara en encontrarlo siempre daba con los mismos: Números legendarios como los 7 que tantas leyendas han suscitado. Sin esfuerzo alguno en su mente afloraban las proezas conseguidas por los siete magníficos, o las de los fundamentales siete días de la semana; y como no, el más legendario de todos ellos, el famosísimo 3.14084, El Pi, que ya en la Biblia aparece con el valor 3, en Babilonia 3 1/8; los egipcios le otorgaban 4(8/9)²; y en China 3,1724. Sin embargo fue en Grecia donde la correspondencia entre el radio y la longitud de una circunferencia comenzó a consolidarse como uno de los más insignes enigmas a resolver y donde Pi empezó a fraguar su leyenda.

Todos estos ejemplos no hacían más que desalentar y entristecer a nuestro protagonista, obstinado en bucear entre todos los escritos que caían en sus manos con la esperanza de encontrar a un 34 famoso en la historia del país de los números.

Y así pasaban las horas, los días, las semanas y los meses con sus hermosas 4 estaciones tan bien enumeradas y felices de ser únicas y diferentes entre si.

Hasta que un día de primavera, concretamente el 17 de abril del año 2007 de la era numérica, nuestro joven 34 se levantó distinto de la cama. En un primer momento, no le dio demasiada importancia a este cambio, simplemente lo achacó a que había descansado bien la noche anterior y por eso se sentía pletórico, lleno de energía. Fue solo cuando se miró en el espejo del baño, cuando comprendió que algo había pasado. De repente había dejado de ser un 34 para pasar a ser un 35 único, diferente a todos los 35 posibles en todo el mundo numérico conocido.

Y así nuestro joven amigo comprendió que para ser exclusivo no es necesario ser famoso o haber pertenecido a una logia numérica de renombre, o ser miembro de un grupo numérico

De esta manera, nuestro reciente 35 decidió no perder mas su tiempo en buscar a números famosos entre aquellos viejos libros llenos de polvo, y ponerse manos a la obra para conseguir el sueño que desde niño siempre anheló, el de ser el mas grande mago que el infinito mundo numérico a podido soñar.